lunes, 22 de abril de 2013

Evangelio de la infancia de Tomás



El Evangelio de la infancia de Tomás es un evangelio apócrifo acerca de la infancia de Jesús que data del siglo II o siglo III. Es parte de un género bíblico popular, escrito para satisfacer el deseo de los antiguos cristianos de conocer más historias y anécdotas milagrosas de Jesús, además de las mencionadas en el Evangelio de Lucas. Algunas referencias de Hipólito de Roma y de Orígenes de Alejandría a un Evangelio de Tomás seguramente se refieren a este evangelio y no al Evangelio de Tomás con el que usualmente se confunde.

El Evangelio de la infancia de Tomás es un escrito atribuido a "Tomás, el israelita" (en una versión medieval en latín). Es poco probable que el Tomás el Apóstol que aparece en la Biblia haya estado relacionado con el escrito, aunque algunos estudiosos creen que fue un gentil. Quien quiera que sea el autor, no demuestra mucho conocimiento de la vida judía, aparte de lo que puede aprender del Evangelio de Lucas, al cual aparentemente hace referencia en el capítulo 19.
La primera cita posible del texto es de Ireneo de Lyon, hacia 185, lo cual establece una posible fecha de autoría. La fecha más temprana posible es hacia el año 80 d.C., cuando el evangelio de Lucas fue escrito. De éste, el autor del Evangelio de la infancia tomó la historia de Jesús en el templo a los 12 años (véase Infancia 19:1-12 y Lucas 2:41-52). Los estudiosos generalmente están de acuerdo en una fecha a mitad o a finales del siglo II, ya que hay dos documentos secundarios, Epistola Apostolorum y Contra las Herejías de Ireneo, que hacen referencia a una historia acerca del tutor de Jesús diciéndole "Dí beta" y él respondiendo "Primero dime el significado de alfa". Se cree que hubo un período de transmisión oral del texto, ya sea completo o como historias diferentes antes de que fuera redactado y transcrito, por lo que es enteramente posible que tanto estos textos como el Evangelio de la infancia de Tomás se refieran a las versiones orales de la historia.

Los eruditos no se ponen de acuerdo respecto a si la lengua original del Evangelio de la infancia de Tomás era griego o sirio, basándose en el hallazgo o falta de vocabulario griego o sirio mal traducidos. Los pocos manuscritos griegos que han sobrevivido no proporcionan la clave, porque ninguno está fechado antes del siglo XIII, mientras que los textos más tempranos, según el editor y traductor Montague Rhode James, son una versión siria muy abreviada del siglo VI y un palimpsesto en latín que se halla en Viena del siglo V o VI, que nunca ha sido descifrado en su totalidad.  Hay una tal cantidad de manuscritos, traducciones, versiones cortas, alternativas y paralelas, que James concluyó que impedían una identificación fácil de cada texto. El número de textos y versiones refleja la amplia popularidad de la obra en la Alta Edad Media.

El texto describe la vida del niño Jesús, usando eventos sobrenaturales, frívolos, e incluso malévolos, en comparación con la naturaleza pícara de algunos dioses-niños en la mitología griega. Uno de los episodios muestra a Jesús haciendo pájaros de barro, a los que luego les da vida. Este acto también se le atribuye a Jesús en el Corán 5:110, aunque en este escrito Jesús ya no es un niño. En otro episodio, un niño derrama agua que Jesús ha recogido, y éste lo maldice, causando que el cuerpo del niño desfallezca hasta convertirse en cadáver. Este se encuentra en texto griego y en versiones en latín. En otro episodio un niño muere cuando Jesús lo maldice luego de tropezar accidentalmente con él.
Cuando los vecinos de José y María se quejan, Jesús milagrosamente los deja ciegos. Jesús luego comienza a ser educado, pero de forma arrogante trata de enseñarle al maestro, quien sospecha de sus orígenes sobrenaturales. Más adelante Jesús resucita a un amigo que muere al caer de un tejado y sana a otro cuyo pie fue cortado con un hacha.
Luego de varias demostraciones de habilidades sobrenaturales, nuevos maestros tratan de enseñar a Jesús, pero él procede a explicarles la Ley. Hay otro grupo de milagros en los que Jesús sana a Santiago que fue mordido por una serpiente, y otros dos que mueren de causas diferentes. Finalmente, el texto recuenta el episodio en Lucas en que Jesús, ya de 12 años, enseña en el templo.

jueves, 11 de abril de 2013

Evangelio de Felipe


El Evangelio de Felipe es un evangelio apócrifo gnóstico, probablemente de la escuela valentiniana, escrito en lengua copta en la segunda mitad del siglo II, probablemente a partir de un original en lengua griega perdido. Es atribuido falsamente al apóstol Felipe.

Se perdió al extinguirse el gnosticismo. No lo mencionan los Padres de la Iglesia, pero en 1945 se encontró un manuscrito de 35 páginas datado en el siglo IV entre los códices de Nag Hammadi (códice II, tratado 3).

Su importancia está ligada al hecho de dar luz sobre los sacramentos de una corriente gnóstica cristiana, en particular sobre aquél, peculiar, de la cámara nupcial.

La versión en lengua copta conservada en copia única entre los códices de Nag Hammadi es la traducción de una versión original en lengua griega. La fecha de este manuscrito de 35 páginas puede deducirse del tipo de teología que presenta. El Evangelio de Felipe contiene referencias a las enseñanzas del teólogo gnóstico Valentín, activo en Roma entre 138 y 158, pero el carácter de estas enseñanzas parece referirse a una evolución del pensamiento de los valentinianos. La fecha más difundida entre los estudiosos es la del siglo II, pero también se ha propuesto la segunda mitad del siglo III.

Algunas consideraciones linguísticas nos hacen situar la composición del Evangelio de Felipe a la zona siria, probablemente en Edesa (actualmente Sanliurfa en Turquía).

El Evangelio de Felipe es una colección de materiales extraídos de numerosas fuentes, por lo demás no identificadas. Se trata principalmente de cartas filosóficas, sermones, tratados, dichos o aforismos, diálogos comentados, exégesis bíblica y afirmaciones dogmáticas. Sólo algunos fragmentos son identificables con certeza como de la escuela valentiniana, algunos quizá escritos por el mismo Valentín, y probablemente no pertenecen todos a la misma escuela. Algunos fragmentos hacen referencia a etimologías de la lengua siria, probablemente obra de un teólogo valentiniano que escribía en Edesa.

Los extractos son presentados fuera de su contexto, lo que vuelve difícil su comprensión, y no siguen una organización evidente, sino que se siguen sin orden, a veces con saltos notables, a veces evidenciando un reagrupamiento basado en un concepto recurrente, como aquél de la muerte en 52, 2-21. Una concepción de fondo es la distinción entre el conocimiento esotérico, reservado a los iniciados gnósticos, llamados “gentiles”, y el conocimiento esotérico, poseído por los cristianos no iniciados, llamados “hebreos”, los cuales se equivocan al considerar algunas doctrinas como el nacimiento virginal y la resurrección de Jesús como acontecimientos históricos en vez de alegorías.

El Evangelio de Felipe incluye 17 dichos de Jesús, de los cuales nueve son citas o comentarios de dichos de los evangelios canónicos y ocho son a su vez ágrafa. Se incluyen algunos relatos sobre la vida de Jesús: cómo se apareció muy grande a sus apóstoles durante una aparición sobre una montaña, cómo tuvo tres compañeras de nombre María, entre las cuales está María Magdalena, que goza de una relación privilegiada, y cómo José construyó la cruz sobre la cual fue crucificado Jesús.

La obra parece tener la forma y la finalidad de una catequesis “ortodoxa” del siglo II-IV, con énfasis particular sobre la catequesis de los sacramentos. Proporciona una explicación sobre el significado de los sacramentos iniciáticos, interpreta fragmentos de la Biblia y hace uso de parábolas y analogías.

Los sacramentos mencionados en la obra son el bautismo, el crisma, la eucaristía, el rescate y la cámara nupcial. El bautismo es por inmersión, representa la iniciación a los misterios gnósticos y confiere la inmortalidad, concedida también mediante el crisma, la unción con los óleos, que tiene una importancia superior al bautismo. La eucaristía se celebra mediante el pan y el vino y tiene la misión de hacer saborear al iniciado la unión con lo divino: mediante la eucaristía el gnóstico se vuelve capaz de recibir al “hombre perfecto”, prefigurar la unión con la propia “imagen angélica” en la muerte, recibiendo al mismo tiempo la vida eterna y la perfección. No se dan detalles sobre el sacramento del “rescate” o de la redención; podría tratarse del último rito antes de la ascensión al cielo de los fieles.

Énfasis particular se da al sacramento de la “cámara nupcial”, el más importante y el único peculiar de los valentianianos. En el comentario al Génesis (2, 21-23), se cuenta que originariamente la humanidad era andrógina; la separación en Adán y Eva, con la consiguiente diferenciación de los sexos, ha sido causa de la decadencia humana, con la entrada de la muerte en el mundo. El propósito de la venida de Cristo fue la reunión entre el varón y la hembra: así como el marido y la esposa se unen en la cámara nupcial, del mismo modo el iniciado en la cámara nupcial sacramental (espiritual) recibe una anticipación de su unión con su contrapartida celeste.

Otros conceptos expuestos incluyen la necesidad de obtener la resurrección espiritual antes de la muerte física y el significado de los nombres de Jesús.

La teología gnóstica establece algunas divinidades llamadas eones, cuyo número varía según las diversas religiones gnósticas (en general son nueve). Según los gnósticos dos de estos eones, Cristo y Sophia, correspondientes respectivamente al Hijo y al Espíritu Santo en la Trinidad, se encarnaron respectivamente en Jesús y María Magdalena, perpetuando sobre la Tierra su relación celeste. Los fragmentos del Evangelio que se toman como una prueba histórica del matrimonio de Jesús y Magdalena son, en realidad, una alegoría de una precisa visión teológica. Además, en este mismo evangelio, el beso en la boca es un signo ritual común también a otros personajes porque “el Logos viene de aquel sitio, él se alimenta de su boca y será perfecto. El perfecto, de hecho, concibe y genera mediante el beso. Es por esto por lo que nos besamos el uno al otro. Somos fecundos por la gracia que está en cada uno de nosotros”.



viernes, 15 de marzo de 2013

Protoevangelio de Santiago

Giotto: Presentación de la Virgen

El Protoevangelio de Santiago es un evangelio apócrifo, escrito probablemente hacia el año 150. Aunque nunca fue incluido entre los evangelios canónicos, recoge leyendas que han sido admitidas como ortodoxas por algunas iglesias cristianas, tales como la natividad milagrosa de María, la localización del nacimiento de Jesús en una cueva o el martirio de Zacarías, padre de Juan el Bautista.
Se denomina protoevangelio porque narra hechos anteriores al nacimiento de Jesús. El humanista y jesuita francés Guillermo Postel, quien lo tradujo al latín y lo dio a conocer en Occidente, lo tomó por el prólogo al evangelio de Marcos.

El texto tiene un epílogo en que se declara su autoría: "Y yo, Santiago, que he escrito esta historia [...]" El personaje mencionado aquí es, según la tradición, Santiago, pariente de Jesús, identificado por algunos con Santiago el Justo.
Los estudiosos actuales, sin embargo, creen que el texto fue escrito mucho más tarde, durante el siglo II, por un cristiano procedente del paganismo (desconoce las costumbres judías) y que ignoraba el hebreo, pues utilizó como fuente la Biblia griega de los Setenta. Es muy probable que utilizara también como fuentes los evangelios de Mateo y Lucas.
La primera mención de este evangelio se encuentra en las obras de Orígenes (muerto hacia el año 254), quien lo aduce para demostrar que los llamados "hermanos de Jesús" eran en realidad hijos de José con su anterior esposa, lo que significa que el texto era ya en el siglo III lo suficientemente antiguo como para ser tenido por auténtico por Orígenes. Aunque no se han encontrado menciones anteriores, la referencia de Justino Mártir, muerto en 165, al nacimiento de Jesús en una cueva, parece revelar que conoció la obra. Por su parte, Clemente de Alejandría, muerto en 215, asegura en uno de sus escritos que la virginidad de María fue constatada por una comadrona, en lo que puede ser una referencia a un episodio narrado en el capítulo XX del protoevangelio.

El texto del protoevangelio de Santiago ha llegado hasta nuestros días en más de 140 manuscritos diferentes en griego. Esta abundancia de manuscritos implica un gran interés por el texto. Además, existen traducciones al siríaco, etiópico, copto, georgiano, eslavo antiguo, armenio, árabe, irlandés y latín. Igual que ocurre con el resto de los evangelios, incluyendo los canónicos, la mayor parte de los manuscritos son del siglo X o posteriores.
El manuscrito más antiguo de este texto es un papiro de finales del siglo III o comienzos del siglo IV encontrado en 1958, conocido como Papiro Bodmer V porque se conserva en la Biblioteca Bodmer, en Ginebra.
A mediados del siglo XIX, el texto actual fue definitivamente fijado por Tischendorf, quien utilizó 18 manuscritos diferentes, además de testimonios indirectos.

El protoevangelio de Santiago es más una leyenda hagiográfica (biografía de un santo), centrada en María, que un evangelio propiamente dicho. Suele contarse entre los llamados "apócrifos de la Natividad", de los cuales es el más antiguo y el modelo principal. Otros evangelios de la Natividad son el Evangelio del Pseudo Mateo, el Libro sobre la Natividad de María o el Liber de infantia Salvatoris.

El texto consta de dos partes distintas:
1) Vida de María hasta el nacimiento de Jesús. Narra la historia de la concepción milagrosa de María (caps. I-V). Sus padres, Ana y Joaquín ya eran ancianos cuando Dios les concedió tener descendencia. Después relata la infancia de María (VI-VII), quien es puesta bajo el cuidado del templo desde los tres años de edad. Se casa con José, quien se compromete a protegerla y a respetar su virginidad. De él se afirma que es viudo y tiene varios hijos.
En realidad en los evangelios canónicos no hay prueba de que José se case antes del nacimiento de Jesús con María
2) Nacimiento de Jesús. Se describe luego el episodio de la Anunciación, con algunas variaciones con respecto al Evangelio de Lucas, la Visitación, las dudas de José y la aparición en sueños del ángel. En los capítulos XV y XVI José es acusado por el escriba Anás de haber violado a María, y tanto José como María deben someterse a una prueba para demostrar su inocencia, un pasaje que no figura en los evangelios canónicos. A partir del capítulo XVII se narra el nacimiento de Jesús, y los episodios de la llegada y adoración de los Magos. Sigue la matanza de los inocentes y el martirio de Zacarías, padre de Juan el Bautista.
La obra se cierra con un epílogo (capítulo XXV), en el que Santiago se presenta como autor e indica que compuso la obra cuando se retiró al desierto para huir de un motín que se produjo en Jerusalén tras la muerte de Herodes.
El protoevangelio tiene una finalidad apologética. Se trata de defender a María de las acusaciones que contra ella hacían tanto judíos como paganos, y que son registradas por Orígenes en Contra Celso: la madre de Jesús habría sido una mujer pobre e ignorante, adúltera y repudiada por su marido, que habría dado a luz a un hijo ilegítimo de un soldado romano. Para rechazar estas acusaciones, el autor del protoevangelio enfatiza la santidad de María, y, sobre todo, su virginidad, incluso después del parto. Salomé -un personaje que aparece también en Marcos, citada entre los asistentes a la crucifixión, comprueba empíricamente tras el parto la virginidad de María (capítulo 20). La redacción de este evangelio tiene sin duda relación con los inicios del culto mariano.
Algunos autores encuentran en este evangelio influencias del docetismo.

Del protoevangelio de Santiago proceden muchas creencias tradicionales acerca de la vida de la Virgen María, empezando por los nombres de sus padres, Joaquín y Ana, o escenas de su vida después ilustradas por el arte cristiano, como su presentación en el templo (cap. VI). La Natividad de Cristo es también situada con frecuencia en una cueva en las representaciones del arte occidental, siguiendo una tradición que procede del protoevangelio de Santiago.