martes, 28 de abril de 2026

Thomas Müntzer: teología de la Revolución y espíritu radical

Las obras escritas de Thomas Müntzer (1489-1525) representan la vertiente más radical y explosiva de la Reforma alemana del siglo XVI, caracterizándose por una fusión indisoluble entre mística espiritualista y agitación política plebeya. A diferencia de Martín Luther, cuyo programa acabó integrándose en las estructuras de poder feudal, Müntzer utilizó su pluma para cuestionar tanto la autoridad de la Iglesia católica como los compromisos de la reforma luterana con los príncipes. Sus escritos, que abarcan desde manifiestos teológicos hasta proclamas revolucionarias, no pueden entenderse fuera de su convicción de ser un enviado divino para el inminente Juicio Final. Esta producción literaria, a menudo redactada en medio de persecuciones y conflictos, constituye el testimonio de un "reformador sin iglesia" que buscaba instaurar un orden social justo basado en el Reino de Dios en la tierra.

El primer gran hito de su pensamiento escrito es el Manifiesto de Praga (1521), un documento en el que Müntzer proclama el inicio de la "Reforma final" y el surgimiento de una nueva Iglesia gobernada por el Espíritu Santo. En este texto, que existe en versiones en alemán, checo y latín, el autor lanza una crítica feroz contra los sacerdotes y monjes, a quienes tacha de "mudos" por no poseer el Espíritu y ser incapaces de mostrar el fundamento de la fe. Müntzer insiste en que el verdadero conocimiento de Dios no proviene meramente de los libros o de la "letra muerta" de la Biblia, sino de una revelación viva en el corazón de los elegidos. Este escrito marca su ruptura definitiva con el clericalismo tradicional y establece la base de su teología del "temor de Dios" como único cimiento sólido para los fieles.

Durante su estancia en Allstedt (1523-1524), Müntzer desarrolló una importante labor litúrgica que quedó plasmada en obras como el Oficio eclesiástico alemán y la Misa evangélica alemana. Müntzer se adelantó a otros reformadores al introducir el uso de la lengua vernácula en los servicios religiosos, permitiendo que el pueblo llano comprendiera los textos sagrados. Su Misa alemana no era solo una traducción, sino una reestructuración teológica que integraba música gregoriana con textos originales en alemán, buscando la educación espiritual de las masas en lugar de la mera repetición de ritos latinos. Estas obras reflejan su interés por despojar al culto de "supersticiones" y "aureolas" externas para centrarse en el misterio del sufrimiento y la fe auténtica.

En este mismo periodo, produjo tratados fundamentales como Sobre la fe fingida y la Protesta o saludo, donde profundizó en su oposición a la doctrina luterana de la justificación. Para Müntzer, la fe defendida en Wittenberg era una "fe ebria" o inventada, meramente intelectual, que no requería una transformación real del individuo. Sus escritos sostienen que el verdadero creyente debe pasar por pruebas terribles, angustia y un "desbastamiento" interior para ser receptivo a la Palabra de Dios. Al rechazar el principio de sola scriptura tal como lo entendía Luther, Müntzer defendía que Dios continúa revelándose a través de visiones y sueños a quienes sufren y están dispuestos a crucificar sus vicios.

La dimensión política de su obra alcanzó su punto culminante con el Sermón a los príncipes de Sajonia (1524), una exégesis del capítulo segundo del profeta Daniel pronunciada ante la nobleza. En este texto, Müntzer advierte a los gobernantes que el "quinto imperio" está llegando a su fin y que, si no actúan como verdaderos servidores del Evangelio, la "espada" les será quitada y entregada al pueblo de los santos. Utilizando la imagen de la piedra que destruye la gran estatua, Müntzer justifica teológicamente el uso de la fuerza para eliminar a los "impíos" que obstaculizan la fe. Este sermón representa una de las primeras formulaciones de una teología de la revolución, donde la soberanía política queda subordinada a la rectitud espiritual y a la defensa de los oprimidos.

Como respuesta a los ataques de Luther, Müntzer redactó en Núremberg la Defensa bien fundamentada (1524), una de sus obras más polémicas y cargadas de insultos coloridos hacia el reformador de Wittenberg. En este tratado, lo llama "doctor Mentira" y "carne de vida fácil", acusándolo de ser un adulador de los príncipes que solo se preocupa por su propio vientre. Müntzer expone aquí la hipocresía de los poderosos, que promulgan el mandamiento de "no robar" mientras ellos mismos "desuellan y pelan" a los campesinos y artesanos. La obra es un llamamiento explícito a la rebelión, argumentando que los príncipes han provocado que el pobre se convierta en su enemigo al negarse a eliminar las causas de la miseria.

En los meses finales de su vida, coincidiendo con la Guerra de los Campesinos, su escritura se tornó puramente táctica y exhortativa, destacando documentos como la Proclama a los ciudadanos de Allstedt y sus cartas a los condes de Mansfeld. Sus cartas de este periodo, a menudo firmadas como "Thomas Müntzer con la espada de Gedeón", rezuman un mesianismo guerrero y la urgencia del combate apocalíptico. En estas misivas, insta a los rebeldes a no dejar enfriar su espada y a confiar en que Dios combatirá a su lado, utilizando como señal el arcoíris que aparecía en su estandarte. Estos textos finales son la expresión de una voluntad absoluta de paraíso que no admite compromisos con el orden secular existente.

Finalmente, tras su captura en la batalla de Frankenhausen, su última "obra" es el testimonio recogido en su confesión bajo tortura, donde se le atribuye la famosa frase omnia sunt communia (todo es común). Aunque existe debate sobre si estas palabras fueron una invención de sus captores o un reflejo fiel de su ideal comunista cristiano, representan la síntesis de su proyecto: una sociedad sin diferencias de clase ni propiedad privada. Su ejecución en mayo de 1525 puso fin a su vida, pero sus escritos sobrevivieron durante siglos de manera subterránea, siendo rescatados posteriormente como antecedentes de la lucha por la emancipación social y la justicia política.

La obra escrita de Thomas Müntzer se erige como una "ontología agrietada" que desafía la estabilidad de lo llegado-a-ser, proponiendo un "trascender sin trascendencia" que sitúa la salvación en la transformación radical del aquí y el ahora. Mientras que la teología de Luther desembocó en una sacralización del Estado moderno y una "fe inactiva" que abandonó al pobre, los escritos de Müntzer mantuvieron viva la esperanza explosiva de una fraternidad escatológica. Su legado no es solo el de un clérigo rebelde, sino el de un pensador que supo ver en el capitalismo incipiente una nueva forma de idolatría —la "iglesia de Mammón"— que debía ser combatida con la misma ferocidad que el papado. En última instancia, Müntzer representa el "secreto rojo" de la Reforma: la convicción de que el verdadero cristianismo es un ateísmo de los ídolos terrestres y una apuesta inquebrantable por el andar erguido del ser humano.

viernes, 10 de abril de 2026

Ishmael ben Elisha


Ishmael ben Elisha ha-Kohen, perteneciente a la tercera generación de los tanaítas, fue uno de los líderes más prominentes del judaísmo en los siglos I y II d. C.. Descendiente de una distinguida familia de Sumos Sacerdotes, la tradición judía lo describe a menudo con el título de "Kohen Gadol", aunque la historicidad de su padre como Sumo Sacerdote en el Segundo Templo es objeto de debate. Su vida transcurrió en un período crítico, aproximadamente cincuenta años después de la destrucción del Templo, lo que lo situó como un pilar fundamental en la preservación de la identidad judía a través del estudio de la Ley.

Su juventud estuvo marcada por la tragedia de la conquista romana, siendo llevado a Roma como cautivo. Fue rescatado por el sabio Josué ben Ananías, quien, al reconocer su sabiduría y belleza, pagó una gran suma por su rescate y lo tomó bajo su tutela, convirtiéndose eventualmente en su colega y llamándolo "mi hermano Ishmael". Bajo la guía de maestros como Nechunia ben Hakaneh y en la academia de Jamnia, Ishmael se transformó en un erudito cuya agudeza mental le valió el apodo de "arrancador de montañas" por su capacidad para desmenuzar problemas complejos de la Torá.

La contribución más célebre de este sabio es la Baraita de Rabí Ismael, que compila las trece reglas hermenéuticas utilizadas para elucidar la Torá y deducir leyes halájicas. Estas reglas, que amplificaron las siete originales de Hillel, son tan esenciales para la estructura del pensamiento judío que se incorporaron formalmente en los servicios de oración matutinos. A través de principios como el Kal va-Jomer (de lo menor a lo mayor), Ishmael estableció un marco lógico que permitió a la ley judía evolucionar y adaptarse sin perder su anclaje en el texto sagrado.

En el ámbito de la exégesis, mantuvo una postura racionalista frente a su contemporáneo Rabí Akiva. Mientras Akiva buscaba significados místicos en cada letra o redundancia gramatical, Ishmael sostenía firmemente que "la Torá habla en el lenguaje de los hombres", priorizando el sentido primario y la lógica textual sobre las figuras verbales superfluas. Esta visión pragmática evitaba decretos extremos basados en interpretaciones forzadas, defendiendo que no se debían imponer castigos severos a menos que el crimen estuviera explícitamente estipulado en la Escritura.

Más allá de la frialdad de la ley, Ishmael fue reconocido por su profundo humanitarismo y su talante pacificador, enseñando a recibir a cada hombre con alegría. Se le describe como un "padre para los indigentes", destacando su sensibilidad hacia las mujeres pobres, a quienes proporcionaba vestidos y dotes para que pudieran casarse, afirmando con tristeza que "las hijas de Israel son hermosas, pero la pobreza las vuelve feas". Su ética no hacía distinciones sociales, promoviendo la bondad tanto hacia los ancianos como hacia los jóvenes.

Paralelamente a su labor legalista, Ishmael es una figura central en la mística judía temprana, especialmente en la literatura de los Heikhalot (Palacios Celestiales). Se le atribuyen obras como Heikhalot Rabbati, donde se relata, en primera persona, sus visiones de los mundos supremos, el Trono de Gloria y sus encuentros con ángeles como Surya y Metatrón. Esta faceta lo presenta no solo como un jurista terrenal, sino como un visionario capaz de ascender a los santuarios celestiales para buscar respuestas divinas en tiempos de persecución.

El final de su vida fue tan dramático como su inicio, muriendo como uno de los Diez Mártires ejecutados por el gobernador romano durante las persecuciones de Adriano. Los relatos sobre su muerte varían entre la decapitación y versiones más poéticas y atroces que sugieren que fue desollado vivo para preservar su belleza facial. Su sepulcro, situado tradicionalmente en Parod o Sajur en la Alta Galilea, sigue siendo un sitio de peregrinación, testimonio del impacto imperecedero de un hombre que unió la lógica formal, la compasión social y la mística visionaria.

Ishmael ben Elisha representa un equilibrio necesario en la historia del pensamiento judío post-Templo. Mientras el sistema de Akiva permitía una expansión infinita de la ley a través de la interpretación de los signos, el método de Ishmael aportó la estabilidad racional indispensable para que la Halajá no se desconectara de la realidad humana. Su legado es doblemente valioso: proporcionó las herramientas intelectuales para la supervivencia intelectual del judaísmo (sus trece reglas) y, al mismo tiempo, humanizó la figura del sabio al vincular la erudición con la caridad activa y la empatía. Su inclusión en la literatura mística sugiere que, para los sabios de esa era, la razón y el éxtasis espiritual no eran opuestos, sino facetas complementarias de una misma búsqueda de la voluntad divina. Su martirio, finalmente, selló su autoridad, transformando su enseñanza en un símbolo de resistencia moral frente a la fuerza bruta.

martes, 24 de febrero de 2026

Apologia Pro Vita Sua. John Henry Newman

John Henry Newman (1801-1890) fue una figura central en la vida religiosa de la Inglaterra decimonónica, transitando de sacerdote anglicano a cardenal católico tras su conversión en 1845. Miembro prominente del Movimiento de Oxford, buscó inicialmente devolver a la Iglesia de Inglaterra sus raíces católicas antes de que sus estudios históricos lo persuadieran de unirse a Roma. Su obra cumbre, Apologia Pro Vita Sua, surgió como una respuesta necesaria ante las acusaciones de insinceridad vertidas por Charles Kingsley, convirtiéndose en una de las autobiografías espirituales más leídas en lengua inglesa. John Henry Newman fue canonizado por el papa Francisco en 2019 y el papa León XIV le nombró Doctor de la Iglesia en 2025.

Desde su infancia, Newman mostró una mente seriamente inclinada hacia la religión y la literatura, profundamente influenciado por el estudio de la Biblia y las obras de Sir Walter Scott. A los quince años experimentó una conversión interior definitiva hacia un credo dogmático, restando importancia a los fenómenos materiales en favor de dos seres autoevidentes: él mismo y su Creador. Durante su juventud, también desarrolló una imaginación mística que lo llevó a considerar el celibato como la voluntad divina para su vida, fortaleciendo su sentido de separación del mundo visible.

En la Universidad de Oxford, Newman se asoció con figuras como Keble, Pusey y Froude, forjando el Movimiento de Oxford basado en siete años de "comunión y búsqueda de corazón" entre 1826 y 1833. Bajo la influencia de Hawkins, aprendió a sopesar sus palabras y a valorar la Tradición como el marco necesario para interpretar las Escrituras, donde el texto sagrado prueba la doctrina pero no la enseña de forma aislada. Butler, por su parte, le proporcionó el principio de analogía y la noción de que la probabilidad es la guía de la vida.

El detonante de su defensa pública fue el ataque impulsivo de Charles Kingsley, quien acusó a Newman de enseñar que la verdad no era una virtud necesaria para el clero romano. Kingsley planteó un dilema deshonesto al calificar a Newman de "pícaro o tonto", manteniendo siempre una de las opciones en reserva para desestimar cualquier defensa. Ante este intento de "envenenar los pozos" de la opinión pública mediante la sospecha, Newman decidió revelar la historia de su mente para mostrar que no era un "espantapájaros", sino un hombre vivo buscando la verdad.

Newman intentó construir una Via Media que evitara los extremos de la corrupción romana y el racionalismo protestante, aunque confesó que este sistema existía principalmente "en papel". Sin embargo, su confianza se resquebrajó al estudiar la historia de los monofisitas y arrianos, donde vio reflejada la situación de la Iglesia Anglicana en los grupos heréticos del siglo V. La frase de San Agustín, "Securus judicat orbis terrarum", resonó en su mente como una sentencia final contra cualquier secesión, pulverizando su teoría intermedia.

En 1841, Newman publicó el Tract 90 para demostrar que los 39 Artículos anglicanos eran compatibles con la enseñanza católica primitiva y no simplemente un rechazo al dogma de Trento. La violenta reacción de las autoridades universitarias y las condenas de los obispos le hicieron perder la confianza en su propia posición dentro de la Iglesia de Inglaterra. Finalmente, la creación del obispado de Jerusalén, que implicaba una alianza con cuerpos protestantes extranjeros sin renuncia a sus errores, destrozó su fe en la anglicanidad de su institución.

Tras dos años de retiro en Littlemore, Newman fue recibido en la Iglesia Católica por el Padre Domingo en octubre de 1845, describiendo el cambio como el acto de entrar en puerto tras un mar agitado. En su vida católica, no experimentó nuevas dudas y se dedicó incansablemente a la fundación del Oratorio de San Felipe Neri y de una universidad en Irlanda. Sus años finales estuvieron marcados por la defensa de la infalibilidad de la Iglesia como un freno necesario a los excesos del intelecto humano y una protección para la religión natural.

La trayectoria de Newman revela una integridad intelectual que prioriza el dogma sobre el sentimiento, rechazando cualquier religión que sea meramente una emoción. Aunque sus críticos lo acusaron de utilizar la "economía" o reserva para engañar, Newman defendió este principio como una cautela necesaria en la instrucción, similar a la prudencia bíblica. Su vida demuestra que el asentimiento religioso no nace de una lógica de papel, sino de la convergencia de probabilidades que el corazón acepta mediante la fe y el amor. En última instancia, su "apología" no es solo una defensa personal, sino una reconciliación de la razón individual con la autoridad de una Iglesia que él consideraba el baluarte contra el escepticismo universal.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Sobre el bautismo. Tertuliano



El tratado de Tertuliano de Cartago (c. 160-220) titulado Sobre el Bautismo (De Baptismo) es considerado necesario para la instrucción no solo de quienes se están formando en la fe, sino también de aquellos cuya fe, aunque probable, aún no ha sido examinada a fondo. Tertuliano utiliza la obra como defensa contra la "víbora de la herejía cainita", que se había propuesto como primer objetivo "destruir el bautismo". Una de las mayores dificultades que encuentra la mente carnal es la sencillez de las obras divinas visibles en el acto —como sumergir a un hombre en agua y pronunciar unas pocas palabras— comparada con la grandeza que se les promete en el efecto, es decir, la eternidad. No obstante, Tertuliano argumenta que cuanto más maravilloso parezca el resultado (como que la muerte desaparezca mediante un baño), más digno de creer es, ya que Dios elige "las cosas necias del mundo" para confundir la sabiduría humana, poniendo las causas materiales de su operación en actos que parecen necedad o imposibilidad.

Para comprender este poder, es esencial examinar la autoridad del elemento líquido. El agua es una sustancia antigua que existía antes de la organización del mundo y que era la sede del Espíritu Divino, siendo más agradable a Él que otros elementos. Su dignidad es suprema, ya que "el Espíritu del Señor se movía sobre las aguas" en el principio. El agua sirvió como poder regulador, mediante el cual Dios constituyó el orden del mundo, ya sea dividiéndola para suspender el firmamento o separándola para revelar la tierra seca. Además, el agua fue el primer elemento que recibió el precepto de "producir seres vivientes". Que el agua de la creación fuera la primera en producir vida hace que no sea extraño que las aguas del bautismo sepan dar vida, demostrando que la sustancia material que rige la vida terrenal actúa también como agente en la celestial.

El principio fundamental del bautismo establece que el Espíritu de Dios, que se cernía sobre las aguas primigenias, continúa demorándose sobre las aguas de los bautizados. De esta manera, la naturaleza de las aguas, santificadas por el Espíritu, es concebida con el poder de santificar. No importa la fuente, todas las aguas —en el mar, un arroyo o un abrevadero— alcanzan el poder sacramental de la santificación una vez que se invoca a Dios. Tertuliano contrasta este poder con las imitaciones espurias del diablo, señalando que las naciones paganas utilizan lavamientos para ritos de Isis o Mitra. El autor también hace referencia al estanque de Betsaida, donde un ángel solía agitar las aguas para la curación física. Este evento sirve como una figura carnal precursora que demuestra que, aunque el agua antes remediaba los defectos del cuerpo, ahora, mediante la gracia de Dios, sana el espíritu y renueva la salvación eterna.

Tras la inmersión, que es un acto carnal con el efecto espiritual de liberar de los pecados, el espíritu es lavado corporalmente y la carne es limpiada espiritualmente. La fe del bautizado es sellada "en el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo". Posteriormente, el bautizado es ungido con una unción bendita (crisma) que corre carnalmente sobre el cuerpo, pero aprovecha espiritualmente. Luego se impone la mano, invocando al Espíritu Santo mediante una bendición, una práctica derivada del antiguo rito sacramental de la bendición de Jacob. El Espíritu desciende voluntariamente sobre el cuerpo limpio y bendito, a menudo asociado a la paloma, emblema de la sencillez y la inocencia. Al emerger de la pila bautismal tras sus viejos pecados, la paloma del Espíritu Santo vuela hacia nuestra carne, trayendo la paz de Dios
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La prescripción de que "sin el bautismo nadie puede alcanzar la salvación" planteó dudas sobre los apóstoles, que no fueron bautizados en el Señor. Tertuliano responde que, si sufrieron el bautismo humano de Juan, ya habían recibido el agua bautismal una vez, y el bautismo de Cristo es uno solo. También aborda la objeción de que Abraham agradó a Dios sin el bautismo de agua. El autor explica que, antes de la pasión y resurrección del Señor, la salvación se podía alcanzar por la "fe desnuda". Sin embargo, ahora que la fe se ha ampliado, se ha agregado el sellamiento del sacramento, y Jesús vinculó la fe a la necesidad del bautismo, declarando la ley: "Id a todas las naciones, y bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".

Tertuliano subraya la unidad del bautismo, afirmando que solo hay "Un bautismo, un Señor y una fe". Por esta razón, el bautismo realizado por los herejes no es el mismo que el cristiano, ya que ellos no comparten la misma disciplina o el mismo Dios. El bautismo cristiano también contrasta con el rito judío, en el que el israelí se baña diariamente porque diariamente se contamina, mientras que el agua cristiana "una vez se lava" para que los pecados no se repitan. A pesar de la singularidad del bautismo de agua, los cristianos tienen una segunda fuente de salvación: el bautismo de sangre (martirio). Este bautismo fue prefigurado por el Señor, quien vino "por medio de agua y sangre". El bautismo de sangre sustituye al baño fontal si no ha sido recibido, o lo restaura si se pierde.

En cuanto a la administración, el derecho de conferir el bautismo pertenece al sumo sacerdote (el obispo), y subsidiariamente a los presbíteros y diáconos, por el honor de la Iglesia. No obstante, los laicos tienen derecho a administrarlo en casos de necesidad o urgencia, siempre que lo hagan con reverencia y modestia. Los tiempos más solemnes para conferir el bautismo son la Pascua y Pentecostés, aunque Tertuliano afirma que "cada día y cada hora son aptos", pues no hay distinción en la solemnidad, pero sí en la gracia. Quienes se preparan para recibir la gracia de Dios deben hacerlo con oraciones, ayunos y la confesión de todos los pecados pasados. Se aconseja prudencia en la administración, especialmente en el caso de los niños pequeños y solteros, prefiriendo la demora hasta que crezcan, decidan y sean capaces de conocer a Cristo y estar fortalecidos para la continencia. Finalmente, Tertuliano pide a quienes ascienden de la fuente de nuevo nacimiento que, al orar al Padre, tengan en cuenta a "Tertuliano el pecador".

martes, 11 de noviembre de 2025

Exodo 15


El libro del Éxodo, particularmente en sus capítulos 1 al 15, es considerado el clímax de la trama del Pentateuco, narrando la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Inmediatamente después del cruce milagroso del Mar Rojo, Moisés y los hijos de Israel entonaron este cántico a Jehová. Este himno de victoria, también conocido como el Cántico del Mar, es una pieza central de la tradición. La experiencia de la redención produce tal emoción que no podría ser expresada satisfactoriamente en prosa o poesía, sino que demanda ser transformada en un cántico. La respuesta más adecuada que un creyente puede expresar al experimentar la redención es cantar con gozo al Señor.

El cántico mismo es una poderosa declaración teológica que se centra enteramente en Dios, celebrando Sus poderosos hechos. Jehová es exaltado como la fortaleza, el cántico y la salvación de Israel. Se le proclama como "varón de guerra", un rey conquistador que no es débil ni incapaz. La diestra de Jehová fue magnificada en poder, quebrantando al enemigo. Faraón, sus carros y su ejército fueron echados al mar, y los abismos los cubrieron, descendiendo a las profundidades como piedra. La adoración proclamada en el canto subraya la superioridad de Jehová sobre todos los dioses, preguntando: "¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?".


El evento de la victoria también destaca el liderazgo femenino en la adoración a través de María (Miriam), la profetisa y hermana de Aarón. Miriam tomó un pandero y dirigió a todas las mujeres, quienes salieron en pos de ella con panderos y danzas. Ella les respondía con la misma estrofa triunfal: "Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha echado en el mar al caballo y al jinete". La narrativa presenta a Miriam como una mujer de carácter, música y bailarina, líder de un grupo de mujeres que celebran la gloria de Dios. Su envergadura es tal que se la menciona junto a Moisés y Aarón como figuras que Dios envió "delante" del pueblo en el contexto de la memoria de la liberación de Egipto.

A pesar de la euforia de la victoria, el viaje de Israel comienza inmediatamente la fase de prueba. Moisés guió a Israel desde el Mar Rojo hacia el desierto de Shur, fuera de las rutas principales. Tras tres días sin hallar agua, llegaron a Mara, donde las aguas eran amargas, lo que llevó al pueblo a murmurar contra Moisés. La murmuración se vuelve un motivo recurrente en el desierto, mostrando una ingratitud incomprensible tras el triunfo en el mar. Sin embargo, Dios proveyó: Moisés clamó a Jehová, quien le mostró un árbol para endulzar las aguas. Tras este tiempo de prueba, llegaron a Elim, un lugar de refrigerio con doce fuentes de aguas y setenta palmeras, demostrando que Dios sabe cuándo probar a Su pueblo y cuándo darle descanso.

El relato de Éxodo 1-15 es un hito esencial que irradia sentido sobre el resto del Pentateuco. La marcha hacia la Tierra Prometida está organizada literariamente mediante "itinerarios", secuencias de escalas orientadas hacia una meta última. No obstante, el Pentateuco se cierra de manera "abrupta" y "sorprendente", con el pueblo acampado en las estepas de Moab, a la vista de Jericó, sin haber entrado en la tierra. Esta obra fundacional, al ser una "sinfonía literaria inconclusa", asegura que la promesa de la tierra sigue siendo futura, manteniendo así la utopía y la esperanza de un nuevo proceso de liberación para todas las generaciones. El cántico, en su conclusión profética, asegura que "Jehová reinará eternamente y para siempre", ofreciendo una garantía de que la obra iniciada se terminará.

jueves, 30 de octubre de 2025

Sobre la Pascua. San Melitón de Sardes


La Homilía Pascual (Peri Pascha) de Melitón, obispo de Sardes a mediados del siglo II, es un texto fundamental y el sermón pascual más antiguo conocido que refleja la teología de los cuartodecimanos. Estos cristianos, incluido Melitón, persistían en celebrar la Pascua el día 14 de Nisán, la misma fecha que el Pésaj judío, siguiendo una tradición que creían proveniente de San Juan Apóstol. La obra examina la cristología de Melitón, la relación entre el Logos y la creación, y la doctrina de la crucifixión cósmica, contrastando estos temas con el pensamiento de autores contemporáneos y la filosofía griega. Aunque en su momento Melitón fue una figura muy importante y un escritor fecundo, la Homilía y un corpus de fragmentos son prácticamente lo único que ha llegado hasta nosotros, siendo recuperada y publicada en el siglo XX.

El núcleo teológico de la homilía se basa en la tipología, el principio hermenéutico que interpreta el Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas) como la Figura (typos o bosquejo) que se ha cumplido y disuelto en el Verdad (aletheia o realización) del Nuevo Testamento. Este misterio de la Pascua se describe mediante una serie de antítesis, siendo "nuevo y antiguo, eterno y temporal, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal". Lo antiguo era valioso, como la inmolación del cordero y el templo de abajo, pero carece de valor una vez que se manifiesta lo que es precioso por naturaleza: Cristo, la Pascua de nuestra salvación. La Pascua es el paso de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, y de la muerte a la vida, concebida originalmente como la muerte del Señor, que es el paso a la resurrección.

En su cristología, Melitón presenta a Cristo como el Logos preexistente y el Primogénito de Dios (ὁ πρωτότοκος τοῦ θεοῦ), engendrado antes de la aurora (πρὸ ἑωσφόρ⌊ου⌋ γεννηθείς). Este Hijo tiene una singular relación con el Padre y se caracteriza por su misión mediadora desde el principio hasta el final de la Economía. Como mediador creacional, Cristo hizo el cielo y la tierra, y plasmó al hombre. La creación del hombre, en particular, se distingue por el uso del verbo plasmar (πλασσεῖν) y la referencia a las "preciosas manos" que lo formaron de la tierra, aludiendo a la doctrina de las Manos de Dios (Hijo y Espíritu Santo). La homilía también sugiere la doctrina de la crucifixión cósmica, uniendo retórica y teológicamente la acción del Logos de "suspender la tierra" y "fijar los cielos" con el hecho de que "El que suspendió la tierra es suspendido; el que fijó los cielos es fijado" en la cruz. Esta conexión subraya que Cristo, en cuanto Ungido, lo abarca y cohesiona todo (κεχώρηκεν ⌊τὰ⌋ πάντα).

La homilía incluye una intensa polémica contra Israel (el pueblo judío) por su ingratitud y por haber asesinado a su Señor. Melitón eleva la acusación de deicidio, proclamando que "Dios ha sido asesinado. El rey de Israel ha sido descartado por una mano israelita". Sin embargo, la obra no termina en la condena, sino en el triunfo de Cristo sobre la Muerte, el Diablo y el Hades. En el epílogo, Cristo mismo se manifiesta, hablando en primera persona (Ego eimi, fórmula johánica), y se proclama como el perdón de los pecados, el rescate, la vida, y la resurrección. La homilía culmina con una solemne apoteosis que identifica a Cristo como el Creador, Salvador, Juez y Dios, el "Alfa y la Omega", y el "Principio inexplicable y Fin incomprensible", sentado a la diestra del Padre.

martes, 21 de octubre de 2025

Demostración de la predicación apostólica. San Ireneo de Lyon



San Ireneo de Lyon (ca. 125-ca. 202), una de las figuras más destacadas de la teología del siglo II y conocido como el "Doctor de la unidad" (Doctor unitatis) por el Papa Francisco, es el autor de la Demostración de la predicación apostólica, también conocida como Epideixis. La obra fue escrita originalmente en griego, probablemente entre los años 185 y 202, y solo se conserva completamente en una versión armenia descubierta en 1904. Dedicada a su amigo Marciano, su objetivo principal es fortalecer y consolidar la fe mediante una exposición sucinta de la verdad predicada por los apóstoles. Debido a su naturaleza, ha sido subtitulada como un "catecismo" o "catecismo de adultos". La obra, que en su estado actual consta de cien capítulos, se perdió pronto y su existencia solo se conocía por la mención de Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica.

La Epideixis se distingue por su carácter sistemático y su adhesión metodológica a la revelación positiva, basándose fundamentalmente en las Escrituras. La obra se divide en dos partes principales: la primera (hasta el capítulo 41 o 42) recapitula la historia de la salvación desde la creación hasta Jesucristo. Esta sección se apoya especialmente en los textos del Pentateuco, que Ireneo utiliza de manera privilegiada para narrar los orígenes y las alianzas de Dios. La segunda parte (capítulos 42 al 100 o 97) se centra en la redención y el cumplimiento de las profecías mesiánicas, siguiendo el modo de proceder de los apóstoles al sustentar el anuncio de Cristo con pruebas de legitimación del Antiguo Testamento. Ireneo se mantiene en el marco de las Escrituras para oponerse a la "falsa gnosis", rechazando la especulación racionalista y defendiendo vehementemente la bondad de la creación y la "carne" del hombre y de Jesús.

La contribución teológica de Ireneo radica en su énfasis en la unidad de la fe y la Iglesia y en su famosa doctrina de la recapitulación (anakefalaiwsis) de todas las cosas en Cristo. El Verbo se encarnó para destruir la muerte, deshacer el pecado y la desobediencia de Adán, y restituir la vida a la humanidad, asumiendo en sí mismo la totalidad de la creación. Ireneo concibe la historia de la salvación (oikonomía) como un proceso continuo y trinitario, destacando la acción conjunta del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es frecuentemente denominado la Sabiduría de Dios o la "Mano del Padre", participando desde la creación y siendo fundamental para la "salvación de la carne" (salus carnis). Esta insistencia en la salvación completa del ser humano (cuerpo y alma) es clave en su refutación del dualismo gnóstico, que negaba el valor de la materia.

La obra del Espíritu Santo en el cristiano se articula mediante los sacramentos y la escatología, asegurando la plenitud de la salus carnis. La acción pneumatológica inicia con el bautismo, el cual es el "bautismo de la regeneración" y el "nuevo nacimiento" (regeneratio) que se recibe "a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo". En el bautismo, el Espíritu se confiere como el sello (sphragís) y prenda (arrabón) de la vida eterna y la incorruptibilidad. Posteriormente, en la Eucaristía, el Espíritu transforma los dones terrestres (pan y vino) en el cuerpo y sangre de Cristo, nutriendo la carne del cristiano hacia su futura glorificación. El Espíritu también es el agente de la resurrección, transformando el cuerpo mortal en espiritual, un proceso que culmina en la divinización del ser humano en el Reino del Padre. Esta transformación escatológica se describe metafóricamente como el recibimiento del "traje de bodas" (Mt 22, 11) y el "adorno de oro puro", que representan la plenitud del Espíritu y la incorruptibilidad definitiva.


miércoles, 16 de octubre de 2019

San Fulgencio de Ruspe (c. 468-c. 533)



Del sermón 3:

Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados. Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando. Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, reina con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, martirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban. ¡Oh vida verdadera, hermanos míos, en la que Pablo no queda confundido de la muerte de Esteban, en la que Esteban se alegra de la compañía de Pablo, porque ambos participan de la misma caridad! La caridad en Esteban triunfó de la crueldad de los judíos, y en Pablo cubrió la multitud de sus pecados, pues en ambos fue la caridad respectiva la que los hizo dignos de poseer el reino de los cielos. La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo. Quien camina en la caridad no puede temer ni errar; ella dirige, protege, encamina. Por todo ello, hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad, ejercitadla mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la perfección.

miércoles, 6 de marzo de 2019

San León I el Grande (c. 400-461)


Del Sermón I de Navidad:

Nuestro Salvador, muy amado, nació hoy: alegrémonos. Porque no hay lugar adecuado para la tristeza, cuando observamos el día del nacimiento de la Vida, que destruye el miedo a la mortalidad y nos trae la alegría de la eternidad prometida. A nadie se le impide compartir esta felicidad. Hay para todos una medida común de gozo, porque como nuestro Señor, el destructor del pecado y la muerte, no encuentra a nadie libre de cargos, así también Él viene a liberarnos a todos. Que el santo se regocije al acercarse a la victoria. Que el pecador se alegre de que está invitado a perdonar. Dejemos que el gentil se anime porque él está llamado a la vida ...

Dejemos de lado al hombre viejo con sus obras: y habiendo obtenido una parte en el nacimiento de Cristo, renunciemos a las obras de la carne. Cristiano, reconoce tu dignidad y conviértete en un socio de la naturaleza divina, rehúsa regresar a la antigua desolación por una conducta degenerada. Recuerda la cabeza y el cuerpo del que eres miembro. Recuerda que fuiste rescatado del poder de la oscuridad y sacado a la luz y al reino de Dios. Por el misterio del Bautismo, fuiste hecho templo del Espíritu Santo: no hagas que las gentes huyan de ti por actos de bajeza, y te sometas una vez más a la comunidad del diablo: porque tu dinero comprado es la sangre de Cristo, porque Él te juzgará en verdad. Es quien te ha redimido con misericordia,  es quien con el Padre y el Espíritu Santo reina por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 19 de febrero de 2019

San Pedro Crisólogo (380 o 406-450)


Del sermón 67:

Padre nuestro, que estás en los cielos. Cuando digas esto no
pienses que Dios no se encuentra en la tierra ni en algún lugar
determinado; medita más bien que eres de estirpe celeste, que
tienes un Padre en el cielo y, viviendo santamente, corresponde
a un Padre tan santo. Demuestra que eres hijo de Dios, que no
se mancha de vicios humanos, sino que resplandece con las
virtudes divinas.

Sea santificado tu nombre. Si somos de tal estirpe, llevamos
también su nombre. Por tanto, este nombre que en sí mismo y
por sí mismo ya es santo, debe ser santificado en nosotros. El
nombre de Dios es honrado o blasfemado según sean nuestras
acciones, pues escribe el Apóstol: es blasfemado el nombre de
Dios por vuestra causa entre las naciones (Rm 2, 24).

Venga tu reino. ¿Es que acaso no reina? Aquí pedimos que,
reinando siempre de su parte, reine en nosotros de modo que
podamos reinar en Él. Hasta ahora ha imperado el diablo, el
pecado, la muerte, y la mortalidad fue esclava durante largo
tiempo. Pidamos, pues, que reinando Dios, perezca el demonio,
desaparezca el pecado, muera la muerte, sea hecha prisionera
la cautividad, y nosotros podamos reinar libres en la vida
eterna.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Éste es
el reinado de Dios: cuando en el cielo y en la tierra impere la
Voluntad divina, cuando sólo el Señor esté en todos los
hombres, entonces Dios vive, Dios obra, Dios reina, Dios es
todo, para que, como dice el Apóstol, Dios sea todo en todas
las cosas (1 Cor 15, 28).

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy. Quien se dio a
nosotros como Padre, quien nos adoptó por hijos, quien nos
hizo herederos, quien nos transmitió su nombre, su dignidad y
su reino, nos manda pedir el alimento cotidiano. ¿Qué busca la
humana pobreza en el reino de Dios, entre los dones divinos?
Un padre tan bueno, tan piadoso, tan generoso, ¿no dará el
pan a los hijos si no se lo pedimos? Si así fuera, ¿por qué dice:
no os preocupéis por la comida, la bebida o el vestido? Manda
pedir lo que no nos debe preocupar, porque como Padre
celestial quiere que sus hijos celestiales busquen el pan del
cielo. Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo (Jn 6, 41). Él
es el pan nacido de la Virgen, fermentado en la carne,
confeccionado en la pasión y puesto en los altares para
suministrar cada día a los fieles el alimento celestial.

Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros
perdonamos a nuestros deudores. Si tú, hombre, no puedes
vivir sin pecado y por eso buscas el perdón, perdona tú
siempre; perdona en la medida y cuantas veces quieras ser
perdonado. Ya que deseas serlo totalmente, perdona todo y
piensa que, perdonando a los demás, a ti mismo te perdonas.

Y no nos dejes caer en la tentación. En el mundo la vida
misma es una prueba, pues asegura el Señor: es una tentación
la vida del hombre (Job 7, I ). Pidamos, pues, que no nos
abandone a nuestro arbitrio, sino que en todo momento nos
guíe con piedad paterna y nos confirme en el sendero de la vida
con moderación celestial.

Mas líbranos del mal. ¿De qué mal? Del diablo, de quien
procede todo mal. Pidamos que nos guarde del mal, porque si
no, no podremos gozar del bien.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Biblia del oso


La Biblia, que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Trasladada en español., más conocida como Biblia del oso es una de las primeras traducciones de la Biblia al español. Su traductor fue Casiodoro de Reina, un religioso jerónimo español convertido al protestantismo. Es llamada Biblia del oso por la ilustración en su portada de un oso que intenta alcanzar un panal de miel colgado de un árbol.

Casiodoro de Reina trabajó durante doce años en su preparación. Se publicó en Basilea, Suiza, el 28 de septiembre de 1565. Se colocó una ilustración de un oso, logotipo del impresor bávaro Mattias Apiarius, para evitar el uso de íconos religiosos, ya que en aquel tiempo estaba prohibida cualquier traducción de la Biblia a lenguas vernáculas.

Casiodoro de Reina señaló en la “Amonestación del intérprete de los sacros libros al lector” que usó como base textual para el Antiguo Testamento el texto masorético hebreo, la Veteris et Novi Testamenti nova translatio (traducción de la Biblia desde el hebreo al latín) de Sanctes Pagnino y la Biblia de Ferrara. Reina empleó la Veteris et Novi Testamenti nova translatio porque “al voto de todos los doctos en la lengua hebraica es tenida por la más pura que hasta ahora hay”. Reina tuvo a la mano la Biblia de Ferrara porque ella daba “la natural y primera significación de los vocablos hebreos y las diferencias de los tiempos de los verbos”. En cambio, Reina declaró haber seguido poco la Vulgata por los yerros que según él tenía. Para la traducción del Nuevo Testamento, Reina se basó en el Textus Receptus.
La Biblia del Oso posee los libros deuterocanónicos. Estaban agrupados junto a los demás libros del Antiguo Testamento, de acuerdo al modelo de la Vulgata.

La versión de Reina es la primera traducción de la Biblia completa en español teniendo como base textual manuscritos en hebreo y griego. Traducciones anteriores de la Biblia completa al español, como la Biblia prealfonsina y la Biblia alfonsina, fueron traducidas desde textos en latín.
La Biblia del Oso refleja la belleza literaria del llamado Siglo de Oro de la literatura castellana. En Historia de los heterodoxos españoles, el erudito católico Marcelino Menéndez Pelayo alabó desde un punto de vista literario a la Biblia del oso, a la que consideró estar mejor escrita que las versiones católicas de Felipe Scío de San Miguel (1793) y Félix Torres Amat (1825).
Cipriano de Valera sacó en 1602 una revisión de la Biblia del oso llamada Biblia del cántaro. El texto de Valera sirvió de base para las revisiones publicadas por las Sociedades Bíblicas Unidas desde 1865 con el nombre de Reina-Valera.

jueves, 4 de agosto de 2016

Codex Ephraemi Rescriptus (s. V)


El Codex Ephraemi Rescriptus conocido también por Códice Ephraemi Syri Rescriptus (París, Biblioteca Nacional de Francia, Gr. 9; Gregory-Aland no. C o 04) es un manuscrito uncial del siglo V, junto con los códices vaticanus, alexandrinus y sinaiticus, forma el grupo de los cuatro manuscritos unciales de la Biblia Griega.

Este códice recibe su nombre de los tratados, 38 sermones, de San Efrén el Sirio (traducido al griego) que se sobreescribieron (rescriptus) al texto original durante el siglo XII, eliminando parcialmente la escritura anterior, lo que formó un documento palimpsesto.
Son un total de 209 hojas de 33 x 27 cm (otras fuentes señalan 30 cm x 25 cm1 ). El texto está escrito en una sola columna, con entre 40 y 46 líneas por columna.
Se cree que originalmente el códice se trataba de una Biblia completa, aunque hasta nuestros días solo sobreviven únicamente 64 hojas del Antiguo Testamento, escrituras hebreas, (parte del Eclesiastés y el libro de la Sabiduría, algunos fragmentos de los Proverbios y los Cánticos) y 145 hojas del Nuevo Testamento, escrituras griegas, pero sin encontrarse ningún libro completo. Es interesante mencionar que los textos del Nuevo Testamento están muy mezclados; parece que el escriba copió los textos de diferentes manuscritos, estando en algunas partes de acuerdo con el estilo alejandrino y más frecuentemente con el estilo Sirio. Tras la caída de Constantinopla, el manuscrito fue llevado a Florencia, donde Catalina de Médicis lo tomó, llevándolo a París, donde posteriormente pasó a formar parte de la colección de la Biblioteca Nacional de Francia.

En el siglo XVII se descubrió que debajo de los sermones de Efrén de Siria había una escritura bíblica. El descifrado fue una tarea difícil al añadirse al hecho de que los textos estaba superpuestos que la tinta del original era muy tenue y las hojas estaban en mal estado. Se llegaron a utilizar métodos químicos para hacer que destacara la tinta original pero los resultados fueron escasos.
Ya en el siglo XIX, a principios de 1840 el lingüista alemán Konstantin von Tischendorf logró descifrar el códice después de 2 años de trabajo. Se basó en el tipo de letra que se usaba en la escritura griega uncial que era el uso de letras mayúsculas sin unión alguna y aprovechando que el texto original destacaba cuando las hojas eran puestas al contraluz.
En 1843 Tischendorf publicó una parte de los textos descifrados y dos años más tarde, en 1845, el resto.

lunes, 27 de junio de 2016

Codex Alexandrinus (s. V)


El Códice Alejandrino (Codex Alexandrinus) es un manuscrito del siglo V de la Biblia Griega, conteniendo la mayor parte de la Septuaginta y del Nuevo Testamento. Junto con el Codex Sinaiticus y el Codex Vaticanus, es uno de los primeros y más completos manuscritos de la Biblia. Deriva su nombre de la ciudad de Alejandría, donde se cree que fue hecho. En 1627 el patriarca de Constantinopla, Cirilo Lukaris, quien fue previamente patriarca de Alejandría, presentó el Codex a Carlos I de Inglaterra.
Está escrito con letras correspondientes a la llamada caligrafía uncial. El texto está escrito en dos columnas. Hay entre 46 y 52 líneas por columna y 20 a 25 letras por línea. Las líneas iniciales de cada libro fueron escritas en tinta roja. Secciones en el libro están marcadas con una letra más grande puestas en el margen.
Hay 773 folios de pergamino (630 en el Antiguo Testamento y 143 en el Nuevo Testamento). El manuscrito mide 32 por 26.42 centímetros. La mayoría de los folios fueron agrupados originalmente en fojas de 8 hojas cada uno, pero el manuscrito fue reagrupado en tiempos modernos en fojas de 6 hojas cada uno.
El Antiguo Testamento del manuscrito contiene los libros deuterocanónicos, incluyendo III Macabeos, IV Macabeos, y el salmo 151 (una copia corta del Libro de los Salmos). Al mismo tiempo, algunos folios están perdidos. Como resultado, los libros de Génesis, I Reyes y Salmos tienen saltos. La "Epístola a Marcelino" atribuida a san Atanasio y el sumario de los Salmos de Eusebio de Cesarea están insertados antes del Libro de los Salmos.
El manuscrito contiene todos los libros del Nuevo Testamento. Una carta conocida como I Clemente y la homilía conocida como II Clemente son añadidas al Nuevo Testamento, y fueron, aparentemente, consideradas por el escriba como canónicas. El Nuevo Testamento también tiene folios perdidos. Alrededor de 25 folios desde el principio de Mateo, 2 folios de Juan, y 3 folios de II Corintios están perdidos. Un folio de I Clemente y dos folios de II Clemente también están perdidos.

martes, 31 de mayo de 2016

Codex Vaticanus (s. IV)


El Codex Vaticanus (Bibl. Vat., Vat. gr. 1209; Gregory-Aland no. B/03) es uno de los más antiguos manuscritos conservados de la Biblia, ligeramente anterior al Codex Sinaiticus, y probablemente copiado, como aquél, durante el siglo IV. Está escrito en griego, en pergamino, con letras unciales en formato scriptio continua, y se conserva en la Biblioteca Vaticana. Se llama Códice Vaticano, como es evidente, por el lugar en que se conserva, aunque nadie sabe cómo llegó ahí.

Contenía originalmente una copia completa de la Biblia de los Setenta y del Nuevo Testamento, pero las páginas 1519 - 1536 (desde Hebreos 9,14 hasta el Apocalipsis) se perdieron y fueron reemplazadas por un minúsculo suplemento del siglo XV (No. 1957). Consta de 759 hojas. Faltan una parte importante del Génesis y algunos Salmos. El estilo de la escritura es sencillo y elegante. El pergamino es muy fino y delgado; posiblemente se realizó en piel de antílope. Se ha datado paleográficamente en el siglo IV.
El texto griego de este códice es una representación del tipo textual alejandrino. Kurt Aland lo ubicó en la Categoría I.

El manuscrito ha estado en la Biblioteca Vaticana (fundada por el Papa Nicolás V en 1448) desde que se tiene noticia de él, y aparece en el catálogo más antiguo de la biblioteca, elaborado en 1475.
Su historia anterior es desconocida, pero se ha especulado que pudo haber pertenecido al cardenal bizantino Bessarion, ya que el suplemento minúsculo contiene un texto similar al de los manuscritos de Bessarion. El paleógrafo del Museo Británico T.C. Skeat, ha afirmado que el Codex Vaticanus fue una de las 50 biblias que el emperador Constantino I le encargó escribir a Eusebio de Cesarea. Sin embargo, otros autores se oponen a esta hipótesis, ya que consideran que los manuscritos de Constantino eran del tipo textual bizantino y no alejandrino, lo que eliminaría dicha posibilidad.

Desde principios del siglo XVI, los eruditos reconocieron la importancia de este manuscrito en lengua griega. En 1669, la Biblioteca Vaticana preparó una comparación de porciones del códice. Durante los siguientes 150 años no se sabe nada del manuscrito, que cayó en el olvido. En 1809, Napoleón, se apoderó de Roma y se llevó el códice a París, donde sería examinado por el erudito Leonhard Hug. Al caer Napoleón, en 1815, el códice fue devuelto a Roma.
Durante aproximadamente 75 años no se sabe nada. Pero, cuando se revela al mundo el Codex Sinaiticus a finales del siglo XIX, la Iglesia permitió que fuera conocido a nivel mundial (se hicieron fotografías del mismo).

El Codex Vaticanus es uno de los manuscritos de más importancia para la crítica textual y es uno de los ejemplos más destacados del tipo textual alejandrino. Fue ampliamente utilizado por Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort para su edición del Nuevo Testamento griego de 1881.
El manuscrito contiene misteriosas diéresis (en alemán: umlaut) en los márgenes del Nuevo Testamento, lo que parece indicar posiciones de variantes textuales. La fecha de estos signos es objeto de discusión entre los expertos.

martes, 17 de mayo de 2016

Codex Sinaiticus (s. IV)


El Códice Sinaítico o Codex Sinaiticus (Londres, Biblioteca Británica, Add. 43725; Gregory-Aland n.º א (Aleph) o 01) es un manuscrito uncial del siglo IV de la versión griega de la Biblia, escrito en scriptio continua entre los años 330 y 350. Originalmente contenía la totalidad de ambos Testamentos, pero solo han llegado hasta nuestros días trozos de la Septuaginta, la totalidad del Nuevo Testamento, la Epístola de Bernabé y fragmentos de El Pastor de Hermas (lo que sugiere que estos últimos dos textos podrían haber sido considerados parte del canon bíblico por los editores del codex). Junto con el Codex Alexandrinus y el Codex Vaticanus, el Codex Sinaiticus es uno de los manuscritos de mayor valor para la crítica textual del Nuevo Testamento en su versión griega, al igual que la Septuaginta. En la mayor parte del Nuevo Testamento, el Codex Sinaiticus está de acuerdo con el Codex Vaticanus y con el Codex Ephraemi Rescriptus, confirmando un tipo de texto alejandrino; sin embargo, en Juan 1,1-8,38, muestra mayor coincidencia con el Codex Bezae (que tiene mayores similitudes con un tipo de texto occidental). Un ejemplo destacable de concordancia entre los textos del Sinaiticus y del Vaticanus es que ambos omiten la expresión «sin causa» en Mateo 5:22.

El codex consiste de un total de 346½ folios, escritos en cuatro columnas. De estos, 199 corresponden al Antiguo Testamento; y 147½, al Nuevo Testamento y a los otros dos libros, la Epístola de Bernabé y parte de El pastor de Hermas. Los libros del Nuevo Testamento están ordenados de la siguiente manera: los cuatro Evangelios, las Epístolas de Pablo, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas y el Apocalipsis.

Poco se sabe de su historia previa. Se especula que pudo haber sido escrito en Egipto y a veces se lo asocia con las 50 copias de las escrituras que fueran encargadas por el emperador romano Constantino luego de su conversión al Cristianismo.
Un estudio paleográfico realizado en el Museo Británico en 1938 descubrió que el texto había sufrido numerosas correcciones. Las primeras correcciones fueron realizadas por varios escribas antes de que el manuscrito saliera del scriptorium. Hacia el siglo VI o VII se realizaron numerosas alteraciones, el colofón al final del libro de Esdrás y Ester indica que la fuente de dichas alteraciones era «un manuscrito muy antiguo que había sido corregido por el santo mártir Pánfilo» (martirizado en 309). De ello se concluye, que ha estado en Cesarea Marítima en los siglos VI o VII.
Permanece sin corrección el iotacismo pervasivo, especialmente del diptongo ει.
El texto griego de este códice es una representación del tipo textual alejandrino. Kurt Aland lo ubicó en la Categoría I.

Las copias más antiguas del Nuevo Testamento completo son este Códice Sinaítico y el Códice Alejandrino de los siglos IV y V. El primero se considera anterior al año 397 en que tuvo lugar el Tercer Concilio de Cartago, que definió un canon del Nuevo Testamento. Actualmente se conocen numerosos papiros griegos del Nuevo Testamento que se preservaron en las arenas secas de Egipto. Los más antiguos probablemente hayan sido copiados alrededor del año 200.

Durante el primer viaje de Konstantin von Tischendorf en 1844 al Monasterio de Santa Catalina, al pie del Monte Sinaí en Egipto halla 43 hojas de pergamino conteniendo partes de Jeremías, Neemías, Crónicas y Ester, en un canasto con pedazos de manuscritos que, según relató Tischendorf, el bibliotecario le indicó «eran basura que debía ser destruida quemándola en los hornos del monasterio».

Tischendorf realiza su segunda expedición en 1853, la misma es infructuosa excepto por que no logra recuperar más que dos fragmentos del Libro del Génesis.

El Codex Sinaiticus le fue mostrado a Konstantin von Tischendorf en 1859 durante su tercer visita al Monasterio de Santa Catalina, al pie del Monte Sinaí en Egipto. Tischendorf había sido enviado por el zar Alejandro II de Rusia en busca de manuscritos, quién estaba convencido de que aún debía haber documentos esperando ser encontrados en el monasterio del Sinaí.
Por décadas, el codex estuvo guardado en la Biblioteca Nacional Rusa. En 1933, la Unión Soviética le vendió el codex a la Biblioteca Británica en la suma de 100.000 libras.
En mayo de 1975, durante tareas de restauración, los monjes del monasterio de Santa Catalina descubrieron un cuarto debajo de la capilla de San Jorge que contenía muchos trozos de pergamino. Entre estos trozos se encontraban doce páginas faltantes del Antiguo Testamento Sinaiticus.
El 1 de septiembre de 2009, el investigador griego Nikolas Sarris descubrió un fragmento no conocido del Codex en la biblioteca del monasterio de Santa Catalina. Corresponde al inicio del Libro de Josué.

El codex se encuentra dividido en cuatro trozos desiguales: 347 hojas en la Biblioteca Británica en Londres, 12 hojas y 14 fragmentos en el Monasterio Santa Catalina del Sinaí, 43 hojas en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig, y fragmentos de 3 hojas en la Biblioteca Nacional Rusa de San Petersburgo.
Durante junio del 2005, se anunció el lanzamiento de un proyecto para producir una nueva edición digital del manuscrito, que cuenta con la colaboración de las cuatro bibliotecas. Este proyecto contempla el uso de tecnología de imágenes digitales e hiperespectrales que permitirá buscar posibles textos ocultos en los pergaminos producto de correcciones o texto perdido por la acción del paso del tiempo. Estas tareas se realizan en cooperación con la Biblioteca Británica. El sitio se hizo disponible al público con parte del códice en 2008. Hay comentarios en idiomas inglés, alemán, ruso y griego.

martes, 29 de marzo de 2016

Simeón el Estilita (c. 388-459)



Simeón el Mayor nació alrededor del 388 en Sisan, cerca de la frontera norte de Siria. Al principio de su vida se dedicó al pastoreo. Antes de cumplir dieciséis años entró a un monasterio y desde ese momento se dedicó a practicar una austeridad tan severa y extravagante a los ojos de sus hermanos de religión quienes pensaron- sabiamente quizás- que no estaba llamado a ningún tipo de vida comunitaria. Viéndose forzado a salir del monasterio, se encerró durante tres años en una choza en Tell-Neschin, donde por primera vez pasó toda la Cuaresma sin comer ni beber. Posteriormente eso se convirtió en un hábito para él. Y a esa práctica añadía la de estar de pie mientras sus piernas lo soportaran. Más tarde, fue capaz de mantenerse en esa posición sobre una columna y sin apoyo durante todo el período de ayuno.

Luego de tres años en la choza, Simeón buscó un promontorio rocoso en el desierto y se obligó a permanecer en un angosto espacio de menos de quince metros de diámetro. Pero turbas de peregrinos empezaron a viajar al desierto para pedirle consejos y oraciones, sin dejarle tiempo para sus devociones. Ello lo llevó a buscar una nueva forma de vida.

Simeón mandó levantar una columna con una pequeña plataforma en la parte más alta, y decidió pasar sobre ella el resto de su vida. Al principio, la columna no pasaba de los tres metros de alto, pero fue sustituida por otras, la última de las cuales estaba a más de 15 metros sobre el piso. Por más extravagante que haya sido ese estilo de vida, definitivamente causó un tremendo impacto en sus contemporáneos y la fama del asceta se extendió por toda Europa. En Roma se llegó a formar una gran colección de pinturas del Santo, hecho que el escritor moderno Holl cita como un factor de gran importancia en el desarrollo del culto a las imágenes. Pero aún desde la cima de sus columnas, nunca se alejó de la relación con sus hermanos humanos. Los visitantes podían subir utilizando una escalera que estaba siempre lista para recargarse contra la columna. Sabemos que escribió cartas, algunos de cuyos textos aún existen; instruyó discípulos y dirigió discursos a la gente que se congregaba a sus pies. Parece ser que había una pequeña balaustrada alrededor de la plataforma sobre la columna, sin embargo, nada cubría el sitio, y jamás se permitió usar Simón la comodidad de un techo. Durante sus primeros años sobre la columna, Simeón mandó erigir una estaca a la que se ataba durante la Cuaresma para obligarse a mantenerse erguido, pero después él mismo dejó esta práctica.

Grandes personajes, tales como el Emperador Teodosio y la Emperatriz Eudocia manifestaron enorme reverencia por el Santo y escucharon sus consejos; el Emperador León puso respetuosa atención a la carta que Simeón le dirigió a favor del Concilio de Calcedonia. En cierta ocasión, el santo enfermó y Teodosio le envió a tres obispos para que le suplicaran bajara de la columna y fuese atendido por los médicos. No aceptó y decidió dejar su curación en manos del Señor; en poco tiempo sanó. Luego de pasar treinta y seis años sobre la columna, Simón murió el viernes 2 de septiembre del 459. Antioquía y Constantinopla se disputaron sus restos mortales. Se le dio preferencia a Antioquía y en ella se depositaron la mayor parte de sus reliquias como protección de la ciudad, que no contaba con murallas. Las ruinas del amplio edificio levantado en su honor se conocen como Qal’at Sim’ân (la mansión de Simeón) y aún existen. Consiste en cuatro basílicas dentro de un patio octogonal, orientadas en dirección de los cuatro puntos cardinales. En el centro del patio se encuentra la columna de san Simón. Su festividad se conmemora el 5 de enero.

lunes, 14 de marzo de 2016

Menas de Alejandría (285-309)


San Menas de Alejandría, también llamado Minas, Mina, Mena, Mennas (Menfis, 285 - Abu Mena, 309) fue un mártir y taumaturgo cristiano, uno de los más conocidos santos de Egipto, debido a los muchos milagros que son atribuidos a su intercesión y oración. Fue un egipcio que se enroló en el ejército, y que estando en el mismo confesó a Cristo a pesar del edicto de persecución, por lo que fue martirizado en Karm Aba Mina, cerca de Alejandría, a comienzos del siglo IV. Es conocido como uno de los Padres del yermo. Su fiesta se celebra el (24 de noviembre) en la Iglesia ortodoxa copta y el 11 de noviembre en las iglesias católica y ortodoxa.
Mena era su nombre original, y de acuerdo con la historia, su madre lo llamó así porque oyó una voz diciendo «Amén». Menas (Μηνάς) es una variante griega del nombre, mientras que en árabe se le conoce como Mina (مينا).

Menas nació en la antigua Alejandría, hoy Egipto en el año 285 AD, en la ciudad de Niceous (o Nakiyos Nikiu), que se encuentra en las cercanías de Menfis. Sus padres fueron ascetas, pero no tuvieron hijos por un largo tiempo. Su padre era Eudoxio y el nombre de su madre era Eufemia. En la fiesta de la Virgen María, Eufemia estaba orando delante de un icono de Santa María, pidiéndole con lágrimas que intercedioera ante Dios para que la bendijera con un hijo. Un sonido llegó desde el icono, diciendo «Amén». Unos meses más tarde, Eufemia dio a luz a un niño y, recordando ese día, lo nombró «Menas».
Eudoxio, quien era gobernante de una de las divisiones administrativas de Egipto, murió cuando Menas tenía catorce años. A la edad de quince Menas se unió al ejército romano, y se le dio un puesto más alto debido a la reputación de su padre. Su nombramiento fue en Argelia. Tres años más tarde abandonó el ejército deseoso de dedicar su vida entera a Cristo. Se dirigió hacia el desierto para vivir una vida diferente.
Después de pasar cinco años como un ermitaño, Menas vio en una revelación a los ángeles coronando a los mártires con coronas de gloria, y experimentó el deseo unírseles. Mientras estaba pensando en eso, oyó una voz que decía: «Bienaventurado eres Menas, ya que has sido llamado a la vida piadosa desde tu niñez. Se te concederán tres coronas inmortales: una por el celibato, otra por tu ascetismo y una tercera a causa del martirio.» Menas posteriormente se apresuró a bajar al poblado vecino, donde se celebraba una fiesta en honor de sus dioses paganos, declarando su fe cristiana. La valentía con que encaró las torturas que sufrió a consecuencia de ello, atrajo a muchos de los presentes no solo a la fe de Cristo, sino al martirio.

Los soldados que ejecutaron a Menas pusieron su cuerpo al fuego durante tres días, pero el cuerpo se mantuvo incólume. La hermana de Menas sobornó a los soldados y logró llevarse el cuerpo. Ella se embarcó en un barco rumbo a Alejandría, donde quedó el cuerpo del santo en una iglesia.
El momento de la persecución terminó, durante el papado de San Atanasio de Alejandría, y un ángel se apareció al Papa y le ordenó que el cuerpo de Menas fuera colocado en un camello dejado enfilado hacia el desierto líbico. En cierto lugar cerca de un pozo de agua al final del Lago Mariout, no lejos de Alejandría, el camello se detuvo y no hubo modo de moverlo. Los cristianos pensaron que se trataba de una señal de Dios y enterraron allí el cuerpo de Menas.
Los bereberes de la Pentápolis libia se levantaron contra las ciudades alrededor de Alejandría. A medida que la gente se preparaba para hacerles frente, el gobernador romano decidió tomar en secreto el cuerpo de San Menas como reliquia para defensa del pueblo. A través de las bendiciones del santo, el gobernador regresó victorioso. Sin embargo, decidió no devolver el cuerpo a su lugar original, sino llevarlo a Alejandría. En el camino de regreso, al pasar por el lago Mariout, en el mismo lugar donde fue enterrado el cuerpo originalmente, el camello que lo llevaba se arrodilló. La gente trasladó el cuerpo a otro camello que tampoco se movía. El gobernador finalmente se dio cuenta que se trataba de la voluntad de Dios, y mandó hacer un ataúd de madera resistente a la erosón y colocó en él un ataúd de plata.
Durante el siglo V, la ubicación del cuerpo quedó en el olvido. Años más tarde, un pastor estaba dando de comer a sus ovejas en ese lugar, y un cordero que estaba enfermo se curó. La historia se extendió rápidamente y los enfermos sanaban. Durante ese tiempo, la hija del emperador Zenón era leprosa. Sus consejeros le dijeron que fuera a ese santo lugar. Durante la noche San Menas se apareció a la niña y le informó que su cuerpo había sido enterrado en ese lugar. A la mañana siguiente, la joven se curó, y relató su visión sobre el santo a sus criados.
Zenón ordenó de inmediato que el cuerpo de Menas fuera removido y puesto en una catedral que se construyó allí. Una gran ciudad se construyó en nombre del santo. Los enfermos de todo el mundo cristiano solían visitarla y fueron curados.
Debido a que fue bautizado por Pedro de Alejandría y dada su indubitable historicidad, se le identifica a veces con San Cristóbal.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Serapión de Thmuis (c.300-c. 370)


Serapion (denominado «el Escolástico» según Jerónimo de Estridón) fue un padre del yermo, obispo de la villa egipcia de Thmuis, provincia de Augustamnica, a mediados del siglo IV, así como escritor religioso en griego antiguo.

Debió nacer hacia el año 300 y se retiró cuando era joven al desiero, donde fue discípulo de San Antonio Abad. Encabezó después una comunidad monástica antes de ser obispo de la villa de Thmuis antes de 339. Parece haber participado en el Concilio de Sárdica (343) y estuvo en la embajada que en 353 envió Atanasio, patriarca de Alejandría, reinando el emperador Constancio II, para defenderse de las acusaciones de los arrianos. Hacia 359, Constancio lo hizo sustituir por el arriano Ptolomeo en la diócesis de Thmuis. Estaba aún vivo hacia 370 (año de tres fragmentos de cartas a Serapión de Apolinar de Laodicea).
Se han conservado cinco cartas de Atanasio de Alejandría dirigidas a Serapión de Thmuis: una, de 358, refiere la muerte de Arrio; las otras cuatro, sin duda de 359, son exposiciones dogmáticas sobre la cuestión de la divinidad del Espíritu Santo.

Serapión fue tema del §99 del De viris illustribus de San Jerónimo, quien le atribuye un «destacado» tratado contra los maniqueos, otro sobre los títulos de los Salmos y unas cartas "útiles" dirigidas a diversas personas (al menos 55).
A día de hoy, subsisten su Contra los maniqueos, dos cartas o epístolas enteras (una, breve, dirigida a un colega obispo Eudoxo, quien quería dimitir a causa de problemas de salud; la otra, dirigida a los discípulos de San Antonio Abad, conservada solamente en traducciones sìríaca y armenia) y fragmentos diversos, en especial de epístolas, en griego o en traducción siríaca. Una Epístola a los monjes que celebraba la vida monástica, considerada tradicionalmente como auténtica, ha sido descartada definitivamente por K. Fitschen. En las Catenae (cadenas exegéticas) sobre el Génesis, trece fragmentos son atribuidos a Serapión por los manuscritos, pero el mismo K. Fitschen no asegura la autenticidad sino de tres (las otras vienen, de hecho, de Severiano de Gabala).
Un sacramentario (εὐχολόγιον) que lleva el nombre de Serapión de Thmuis ha sido reencontrado en 1894 en un manuscrito que data del sgilo XI del Monasterio de la Gran Laura del monte Athos. Se trata de una colección de treinta rezos litúrgicos (sobre la comunión, el bautismo, las órdenes, etc.) que abarcan dieciocho folios del manuscrito. El nombre de Serapión aparece en el título de dos rezos solamente (la primera y la decimoquinta), pero el conjunto de los textos podría tener el mismo autor. Sin embargo, tras un artículo de Bernard Botte aparecido en 1964, la atribución a Serapión ha sido fuertemente contestada (a causa del uso de un vocabulario teológico inverosímil en un discípulo de Atanasio de Alejandría).
El Contra los maniqueos de Serapión de Thmuis ha sido largo tiempo confundido con el de Titus de Bostra: a consecuencia de un accidente de transmisión (un manuscrito deshecho y recompuesto), sus textos han sido entremezclados. El tratado más corto de Serapión ha sido reconstruido en 1894 par A. Brinkmann. La fecha es de en torno a 330 y es la más antigua refutación cristiana conservada del Maniqueísmo (junto con el diálogo de Hegemonios).
Su fiesta se celebra el 21 de marzo.

martes, 23 de febrero de 2016

Besarión de Scete (c. 400)


Nació en el seno de una familia cristiana. Pronto se sintió atraído por la “vida angélica” de los ascetas. Fue discípulo de san Antonio Abad, que como él vivió el evangelio con toda su radicalidad, desprendiéndose de todo cuanto tenía, después se puso bajo la dirección de san Macario en el desierto de Scete en Egipto.
Su soledad estaba acompañada del evangelio donde encontraba su inspiración; abandonó a su segundo maestro y fue mendigo y peregrino por amor de Dios.

Es muy venerado por los griegos. Su nombre se hizo célebre muchos siglos después de su muerte, gracias al cardenal Besarión (1403-1472) a quien el prior del monasterio le impuso ese nombre cuando lo ordenó. Su fiesta se celebra el 6 de junio.

jueves, 11 de febrero de 2016

Palemón (?-ca. 330)


Palemón († ca. 330) fue un abad de la Tebaida, fundador junto con su discípulo Pacomio del monasterio de Tabennisi, en el año 330. Tras las persecuciones contra los cristianos se retiró al desierto y llevó vida de ermitaño, dedicado a la oración. Es conocido como uno de los Padres del yermo.
Pacomio buscó a Palemón y venció las reticencias de éste para aceptarlo como discípulo y compañero. Crearon entre los dos uno de los primeros monasterios de la Tebaida, en el que impusieron las costumbres de la vida eremítica: rezo en silencio, soledad y sacrificio (a veces pasaban toda la noche de pie, orando y haciendo penitencia para dominar las tentaciones de la carne). Utilizaban hojas de palmera para saciar el hambre provocada por los ayunos.
Palemón figura en el Martirologio Romano y su fiesta se celebra el día 11 de enero. Por la Iglesia ortodoxa su fiesta se celebra el 12 de agosto.